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NOTICIAS DEL FIN DEL MUNDO

Eduardo Viveiros de Castro

Acabé de ver dos conferencias recientes, en video, del profesor Eduardo Viveiros de Castro, y me gustaría recomendárselas a mis lectores. La primera video conferencia tiene como título: Filosofía, Antropología y el Fin del Mundo (http://vimeo.com/78892524); la segunda se titula: III Conferencia Curt Nimuendajú (http://vimeo.com/81488754).

En este post aludiré brevemente a ambas conferencias, y desde ya me asumo absolutamente fiel a las ideas de Viveiros de Castro, haciendo mías, prácticamente, sus palabras; llevo a cabo, sin embargo, un cierto ejercicio de edición de las conferencias dando énfasis, al recuperar de manera extensa las palabras de Viveiros de Castro, a algunas cuestiones en detrimento de otras. Por ello, lo mejor para los lectores que deseen acompañar el pensamiento del antropólogo, será remitirse directamente a los videos.

Propondré también una reflexión en relación al diálogo — o a la inexistencia del diálogo — entre el psicoanálisis y la nueva antropología, teniendo en cuenta la dramática situación que atravesamos desde el punto de vista civilizacional.

Quiero llamar de manera particular la atención de los lectores en relación al nuevo campo de lucha, una guerra de hecho, que la antropología — vía Bruno Latour y Viveiros de Castro — vislumbra entre los Terranos y los Humanos: quiénes son los participantes de esa lucha, y cómo se vienen estableciendo las “alianzas”. Y lo que es fundamental: cómo el psicoanálisis clásico se posiciona frente a ese nuevo campo de lucha, frente a esa — en palabras de Bruno Latour — guerra que ya estamos viviendo.

Antes de iniciar me gustaría dar un testimonio de la experiencia que fue para mí ver esos videos. Pienso que las principales virtudes de los antropólogos en cuestión son el coraje y la lucidez, y siento que a través de las conferencias, también en mí se movilizan esas virtudes. Escuchando a Viveiros de Castro, percibimos la importancia del Anti Edipo y de las Mil mesetas de G. Deleuze y F. Guattari. Hay una nueva sensibilidad en curso, que la antropología propuesta por ese antropólogo, capta y transforma en proyecto político[1].

I) Filosofía, Antropología y Fin del Mundo

Davi Kopenawa

El antropólogo parte de dos observaciones: cuál es nuestra condición, cuál nuestro momento, en la cultura occidental, y cómo tal tradición es comprendida por los habitantes de la América indígena.

Comencemos por la primera cuestión: hubo muertes sucesivas de las grandes trascendencias en los últimos siglos: E. Kant partió de Dios, del Hombre y del Mundo. Esas tres instancias fueron muriendo sucesivamente y eso define la condición del presente: 1) Dios murió; 2) el Hombre moderno murió y ahora 3) tenemos que enfrentar la muerte del Mundo, el fin del Mundo. Sin Dios, sin Hombre y sin Mundo. Tres siglos, tres muertes.

Hoy atravesamos una inmensa inquietud; las muertes suscitan crisis. Podíamos vivir sin Dios, podíamos vivir sin el Hombre; podemos vivir sin Mundo? Cómo el pensamiento antropológico y filosófico se reorganiza en torno a esas muertes?

Davi Kopenawa, líder de los Yanomamis, tiene un texto publicado en francés y en inglés que ha sido titulado A queda do céu (La caída del cielo)— ese libro cuenta con la participación del antropólogo Bruce Albert[2]. En él, Davi Kopenawa afirma que ‘los blancos duermen mucho, pero solo sueñan con ellos mismos’. Para Viveiros de Castro, esa frase contiene una imagen del pensamiento. Contiene una teoría y una crítica a la filosofía occidental: una crítica a nuestro proyecto civilizatorio.

La frase nos sugiere de entrada que los Yanomamis ‘no sueñan únicamente consigo mismos’. Es necesario sin embargo, resaltar la manera diferenciada en que de hecho los vemos — a los indios, en el mundo entero— ya que decimos de ellos que son animistas, narcisistas, primitivos, y que solo saben leerse a sí mismos! Davi piensa exactamente lo contrario y afirma que ‘son los occidentales los que no ven nada, apenas cabecean de sueño y no ven nada’.

Pensar es, esencialmente, para los Yanomamis: soñar con lo que no es humano, tener la capacidad de salir de la humanidad. Davi Kopenawa nos niega a nosotros, los blancos, esa capacidad, porque para nosotros, blancos, el pensamiento está concentrado en el ‘mundo de la mercancía’, porque solo nos vemos a nosotros mismos. Como los blancos solo piensan en las mercancías, solo sueñan consigo mismos — no salen de sí mismos , no salen de la humanidad. No soñar consigo mismo significa para Davi, soñar con los seres de las selvas, los seres invisibles, las almas, los animales.

En la trayectoria del pensamiento occidental el pensar se fue introyectando hasta hacerse una contemplación narcisista de sí mismo: el pensador occidental investiga la cognición, la imaginación, el entendimiento, del propio hombre. Los blancos solo sueñan entonces, consigo mismos.

Davi está denunciando una máxima que ya sintetizaba Freud: todo lo que el hombre sueña es proyección: plantas, animales, etc. Es siempre con nosotros mismos que soñamos. Es posible pensar otra cosa y entonces, salir de sí mismo? Los blancos ya no pueden hacer eso.

Davi Kopenawa pertenece a una cultura chamánica, y en ella, el acesso a la realidad se da a través del sueño, gracias al uso de drogas y alucinógenos, lo que difiere abismalmente del aprendizaje agenciado por la lectura y la escritura de los blancos. Es por ello que cuando los blancos sueñan quedan como un ‘hacha en el suelo’, durmiendo como un ‘hacha en el suelo’ — como si fueran objetos o como si estuvieran muertos: soñando consigo mismos. Bien por el contrario, para una cultura chamánica, el sueño es lo que hace posible ir al encuentro de una exterioridad, un afuera-exterior, y los blancos son incapaces de alcanzar el afuera, un exterior por el pensamiento.

Súmese a ello que los blancos están pudriendo la Tierra para sacar petróleo, minerales, y como resultado el cielo se va a caer y la humanidad quedará atrapada bajo tierra y se volverá fantasma! Quien mantiene todo eso aún de pie — la Tierra y el Cielo — son los chamanes. La caida del cielo ya sucedió varias veces y el motivo fue siempre el mismo: lo que nosotros, blancos, llamamos crisis ecológica.

Las cosmologías indígenas nos hablan de ciclos sucesivos de destrucción y creación: colisiones, desmoronamientos, sucesivos de la Tierra. Hoy los blancos promueven, sin freno, la extracción de minerales, la deforestación, y entonces el mundo se va a acabar.

Dos cuestiones propuestas por Davi Kopenawa: 1) solo saben, los blancos, pensar en sí mismos; 2) el mundo se va a acabar. Esta acusación de Davi, ‘que nosotros solo soñamos con nosotros mismos’ exige una respuesta. ¿Cómo responder a ello? ¿Cómo responder a la inmanencia? A la exterioridad? En occidente esto está reservado al arte — y no a la ciencia y a la técnica.

Para los indígenas, hacemos objetos y maquinas prodigiosos, pero sociológicamente somos idiotas, agresivos, escandalosos, primitivos, toscos en las interacciones. Seducidos por el prodigio técnico de occidente, los indígenas incurren en la tentación de separar técnica y sociedad. Es posible separar las dos cosas? Para los Yanomamis no hay forma; ellos rechazan la cultura del blanco in totum. Estamos — dice Viveiros de Castro — prensados contra nosotros mismos y contra los otros pueblos, pues los tres pilares de nuestra civilización — Dios, Hombre y Mundo — están en crisis. Nuestro narcisismo es incurable! Los otros pueblos no pueden ayudarnos y amenazamos con empujarlos a todos hacia el abismo.

Qué respuesta les daremos a esos otros pueblos que nos ‘acusan de soñar solo con nosotros mismos? Qué hacer frente a ello? Los blancos ‘solo sueñan consigo mismos’: los blancos no incluyen a los no humanos en su universo político!

El fin del mundo es un tema riquísimo desde el punto de vista filosófico y político — afirma Viveiros de Castro. Además, los blancos acabaron con el mundo de los indios repetidas veces y es por esa razón que son ellos, los indios, quienes saben pensar el tema del fin mundo, — y no, por supuesto, los blancos.

Ahora, la perspectiva de una crisis ambiental a escala mundial nos pone en una situación parecida a la de los indios. Corremos el riesgo de ser diezmados por nosotros mismos!

Cómo será vivir después del fin del mundo? Es preciso retomar la cuestión del fin del mundo en el pensamiento. Lo que está acabando es el mundo que comenzó en 1500. Es el fin de la era moderna.

 

II Conferencia Curt Nimuendajú

Bruno Latour

Esta conferencia, ofrecida a finales del 2013 por Viveiros de Castro, es bastante larga, y tuvo lugar en el Centro de estudios Amerindios (CESTA/USP) en homenaje a Curt Nimuendajú, quien llevara a cabo el primer trabajo moderno de etnología hace exactamente 100 años — en 1914 — en torno a las leyendas de creación y destrucción, y principalmente de la destrucción del mundo, como fundamento de la religión de los chamanes Apopukuvas-Guarani. La conferencia también es un homenaje a los Guaranis, hoy por hoy símbolo concreto de la ofensiva final contra los pueblos indígenas.

Nimuendajú tuvo seguidores en la antropología. Encontramos ejemplos en los trabajos de Pierre Clastres y de Helena Clastres y en los de varios otros etnólogos; hoy, su perspectiva es retomada en tesis doctorales y disertaciones de maestría. Para Nimuendajú, como también en la perspectiva de esos trabajos reciente, los Guaranis eran y son guardianes de un pensamiento pleno, un pensamiento especulativo, escatológico y cosmológico, pleno de derechos.

Ahora, también nosotros, occidentales blancos, estamos especulando y dando vueltas en torno a la cuestión del fin del mundo. Las leyendas científicas y no científicas en occidente, especulan cada vez más sobre el tema, haciendo que tal especulación se convierta de forma creciente en asunto de todos.

Son muchas, las cuestiones discutidas en esa larga conferencia, y me atendré apenas a dos de ellas: a) la catástrofe que nos acecha y b) la propuesta política en curso formulada por Bruno Latour y Viveiros de Castro.

La catástrofe que nos acecha.

Es una farsa llamar lo que nos acecha una “crisis ambiental”, lo que queda claro a continuación, cuando Viveros de Castro demuestra hasta qué punto nuestra cuestión es mucho más seria que eso.

Para él, el mayor problema que atravesamos es la entrada del planeta en el antropoceno— la tercera época geológica del período cuaternario y que se prevee, durará mucho más tiempo que la especie que lo bautizó! Vale decir, los efectos de la acción humana sobre el sistema Tierra durarán mucho más que la propia especie. El antropoceno —la era del hombre — se refiere a un nuevo régimen termo-dinámico: y se trata de un mundo nuevo en el que ignoramos por completo lo que va a suceder. Tenemos acceso a una serie de proyecciones, de especulaciones — familiares, además, como vimos, para los Guaranis — de cómo el mundo se va acabar. Nuestro escenario es tan inquietante hoy como el de los Guaranis.

El cambio climático es, en realidad, apenas uno de los parámetros para comprender la crisis actual. Existen muchos otros parámetros, que delinean muchos otros cambios, en la medición de la crisis.

El Antropoceno, a pesar de llevar nuestro nombre, no nos elogia! Lo que quiere decir es que la humanidad se volvió una fuerza geofísica.

Algunos argumentan que lo que se tornó una fuerza geofísica no fue la humanidad como universal, sino el capitalismo, las clases dominantes, las sociedades privilegiadas, y, principalmente, los países que consumen combustibles fósiles y energía en general, lo que, como se sabe, tiene sin embargo efectos sobre la población de todo el planeta.

El problema es que la población entera del planeta tiende a adoptar los patrones de consumo energéticos modelados en los patrones de consumo de los países que conducen las “locomotoras antropocénicas”, de los países que conducen los cambios climáticos.

Tenemos entonces, una especie de inversión de la figura-fondo que caracteriza la relación entre humanidad y ambiente! Retomemos la argumentación: antropoceno designa el hecho de que la humanidad se tornó una fuerza geofísica. El nombre Gaia viene también de la mano de la noción de antropoceno, solo que en sentido inverso.

La Tierra se volvió un personaje, un interlocutor político, al mismo tiempo en que el hombre se volvió una fuerza geopolítica. Es como si nosotros, los hombres, hubiéramos pasado al fondo y la Tierra pasara ahora al frente. Una inversión súbita entre figura y fondo, de la que nada bueno va a resultar.

Se trata de una inversión fantasmagórica y aterradora en donde desaparece la noción de escalas: una escala de tiempo geológica y una escala de tiempo antropológica — escalas otrora de orden y magnitudes completamente diferentes. Lo que vemos hoy es el colapso de esas escalas al punto de evidenciarse cambios en la estructura de la atmósfera, en la circulación de los vientos, que se modifican rápidamente en un tiempo inferior a los sistemas sociales! Irónico, por lo menos, aterrador.

Esas consideraciones tienen otra implicación: la idea del fin de la naturaleza como telón de fondo inmóvil o de movimientos lentos, casi imperceptibles, frente al cual evolucionamos, frente al cual podíamos medir y calibrar nuestras acciones. Lo que estamos viviendo hoy es la inversión de las escalas, el colapso de las escalas.

Dicho de otra forma, se trata exactamente de la idea de destrucción del ambiente; en un cierto plano la noción de ambiente desapareció, puesto que hubo una interiorización— introspección — del hombre, y las plantas y animales pasaron a ser leídos como parte del ambiente!

Isabelle Stengers, filósofa belga, rechaza la idea de crisis ambiental — la idea de crisis supone que se trata de un estado superable, y nosotros no saldremos de lo que está sucediendo, pues ya sucedió. Estamos es viviendo los efectos de la acción humana, que hace mucho ya sucedió. Isabelle Stengers prefiere el término catástrofe ambiental y muchos insisten en que se trata de una visión catastrófica, melancólica, pesimista — esa misma visión era compartida, según Nimuendajú, por los Guaranis en la figura de los chamanes Apokokuvas-guarani entre 1905 e 1912, período de su investigación.

Tal pesimismo, sostenía el etnólogo en los comienzos del siglo XX, era propio de una raza, propio de un pueblo cansado de luchar, cansado de ser perseguido. Para los Guaranis, la propia tierra estaba cansada. Pero como veremos, los Guaranis no eran/no son simplemente pesimistas, pues también imaginaban una renovación del mundo. Todo ello, y principalmente el pesimismo y la melancolía, resuena en nuestra situación actual.

La propuesta política

Bruno Latour entiende hoy que atravesamos un estado de guerra; dice también que hay una diferencia fundamental entre estado de guerra y estado de policía, pues en la guerra no hay árbitros, no hay terceros términos. La guerra se decide entre dos partes, sin arbitrio. Y en esa guerra están, de un lado, los Humanos, lo que se afirma con evidente ironía.

Los Humanos, para Latour, somos nosotros, los modernos y sus pretensiones de conquistar todo el planeta con base en el patrón de consumo americano.

A los Humanos opone Latour los Terranos— los habitantes de la Tierra. Y nos urge decidir de que lado estamos en esta guerra. Latour dice también que esa decisión no puede ser tomada teniendo como base argumentos científicos, y ello porque a pesar de que el consenso científico es contundente en el sentido de afirmar que existe una gran crisis ambiental y que esta crisis es de origen antrópico, antropocénico, todavía hay quienes, desde la misma ciencia, lo ponen en duda. No es tan así, dicen unos; no es tan antropocénica, dicen otros.

Así, la ciencia puede presentar datos irrefutables y eso no impide y no impedirá la controversia y la continuidad del orden existente. Y ello justamente porque no se trata de una controversia entre ciencia y no ciencia, sino de una controversia política; una controversia en torno al tipo de Mundo, al tipo de Tierra en que queremos vivir. Se trata entonces de una disputa de valores. Los indios son una especie de respuesta viva: nos están mostrando que existen otras formas de vivir, otros Mundos más allá del mundo de los blancos!

Recuerdo también que para Viveiros de Castro, los climatocéticos son negacionistas, tal y como por analogía, los historiadores que afirman que no hubo exterminio en masa de los judíos, no existió la shoah y que estos supuestos hechos son apenas parte de una conspiración del Estado de Israel! Son los negacionistas. Los que están preocupados por la catástrofe ecológica también llaman negacionistas a los que ponen en duda la crisis ambiental: niegan lo obvio, y a través de la negación afirman el tipo de mundo en que quieren vivir!

Al final de su última conferencia en febrero de 2013, en Edimburgo, al respecto de Gaia y del antropoceno, Bruno Latour afirma que hay una guerra en curso entre Terranos y Humanos. Y entonces identifica a los Humanos: son los modernos.

Para Latour los Humanos no se corresponden, así, con el Homo Sapiens. De acuerdo con su visión, son Humanos todos aquellos entes que hacen parte de la modernidad, del proyecto moderno, incluyendo computadores, animales domésticos, armas químicas, perros policías. Todos ellos hacen parte, para B. Latour, del ejército de los Humanos.

Los Terranos no se sabe todavía bien quienes son. ¿Quienes serían los Terranos? se pregunta Latour. En esa categoría estarían incluidas las especies en vía de extinción (semillas / animales / agua / aire / polo norte/ tierra), enemigos naturales de los Humanos, amenazados ontológicamente.

Pero entre los Terranos, claro, hay también humanos, el “pueblo de Gaia”, en una ficción positiva del término. El “pueblo de Gaia” está en oposición al “pueblo de la Naturaleza”, identificado con los modernos, que creen en una naturaleza trascendente, dotada de leyes únicas, absolutamente racional, dominable y controlable — una ficción negativa del término.

Latour se pregunta: es posible aceptar como “pueblo de Gaia” a la pachamama, la diosa naturaleza, de la que hablan los amerindios y otros pueblos no modernos? Para Latour, se trata de pueblos que se han adaptado a la retórica ambientalista occidental con el fin de, al hacer compatibles sus cosmologías y proyectos existenciales, ser oídos por las sociedades dominantes del hemisferio norte. Latour no cree que esos pueblos puedan llegar a hacer parte del “ejército de los Terranos”. Parece que hay, en esos pueblos, respeto por la Tierra, pero es apenas una apariencia, pues son pueblos impotentes en la medida en que su tecnología es débil y su población ínfima. De acuerdo con su modo de vida, esos pueblos llamados por Latour tradicionales sin tecnología, existentes en pequeño número, no pueden ser cualificados como parte del “ejército de los Terranos”.

Para Viveiros de Castro es sin embargo, exactamente eso, lo que Latour lee como impotencia, lo que puede convertirse en un recurso crucial para un futuro pos-catastrófico en el que, dígase de paso, Latour cree con firmeza. Para el antropólogo brasileño, somos nosotros, blancos industrializados en red, farmacológicamente estabilizados, los que deberán “descender” — “perder las proporciones gigantescas de vida” — y eso en todos los sentidos.

Se pregunta, sin embargo, Viveiros de Castro: será que se trata, de hecho, apenas de minorías y ese pequeño número demográfico no debe ser tenido en cuenta como propone Latour? La ONU estima oficialmente en 370 millones de personas el número de minorías indígenas en el planeta — estarían encapsuladas en los Estados-nación, pero no coincidirían con ellos. Es decir, enfatiza Viveros: la minoría no es tan minoría. Se trata entonces, de un “ejército de Terranos” considerable!…

 

III) Y como se posiciona el psicoanálisis ?

 

Tengo algunas corazonadas en relación a eso, y desde ya insisto que las ideas que siguen son de mi entera responsabilidad, y ni Bruno Latour ni Eduardo Viveiros de Castro tienen participación en ellas. También anuncio desde ya que se trata de un juego serio, muy serio, y que fue escrito con total libertad y con mucho sentido del humor.

Por ejemplo, si Bruno Latour y Viveiros de Castro se sometieran a un psicoanálisis clásico y ofrecieran para un celoso psicoanalista ya en el primer día las dos ideas discutidas atrás — noticias sobre el fin del mundo y la nueva alianza política entre Terranos x Humanos — e insistieran, como lo hacen, en que hay una guerra planetaria en curso, si eso sucediera, temo que serían considerados psicóticos, delirantes, con extrañas y peligrosas fantasías.

Y si el eminente psicoanalista fuera una persona miedosa, creo también que, además de diagnosticarlos, convocaría discretamente una ambulancia y los antropólogos serían gentilmente retirados del consultorio del analista en camisa de fuerza e inmediata y fuertemente medicados!

En su carácter hipotético, la escena nos resulta divertida y trágica, pero siento decir que la probabilidad de se diera en la vida real, es de hecho, considerable!

Por qué la “ciencia de la escucha” consideraría las agudas percepciones de los antropólogos como fantasías psicóticas delirantes?

Prosigo por un momento todavía con mi argumento: las percepciones de los antropólogos que, dígase de paso, suponen datos ofrecidos por la propia ciencia climática, están también sustentadas en una inmensa deconstrucción de la subjetividad moderna.

Ambas cuestiones arriba discutidas involucran infinitos dislocamientos emocionales, infinitas otras deconstrucciones. Ahora, el psicoanálisis también desconstruye la subjetividad moderna, ya que enuncia un sujeto doble — consciente e inconsciente — y es en ello que reside su potencial crítico.

La deconstrucción subjetiva y emocional, sin embargo, del “pueblo de Gaia”, fue mucho más allá y deconstruyó y deconstuye la propia subjetividad psicoanalítica! El “pueblo de Gaia” está dejando de ser antropocéntrico y deshizo las fronteras entre mundos, incluyendo en su universo político, en la Tierra que quieren vivir, a otros seres: Gaia, las plantas, los animales, los seres invisibles, el aire, el clima, las semillas.

Las dos cuestiones discutidas en aquella conferencia por el antropólogo Viveiros de Castro, solo podrán entonces ser escuchadas por aquellos que se deconstruyan emocional y cognitivamente en la dirección del “pueblo de Gaia”.

Los antropocéntricos no pueden escuchar y comprender las propuestas citadas. Dos ejemplos: Eduardo Viveiros de Castro ofreció en 2010, una conferencia en la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de São Paulo (SBPSP) titulada “El Anti-Narciso: lugar y función de la antropología en el mundo contemporáneo”. La conferencia del antropólogo fue publicada en el volumen 44 de la Revista Brasileira de Psicanálise[3]. Junto con ella, dos comentaristas escogidos a dedo entre los analistas de la Institución fueron invitados a comentar las palabras de Viveiros de Castro. Para mi espanto, los comentaristas no entendieron nada de la conferencia del antropólogo! Dediqué a ello el post de agosto/2012 y hasta ahora me siento traumatizada por ese debate, ya que es obvio que los psicoanalistas estaban capacitados para dialogar y discordar de forma radical con las ideas expuestas sobre el pensamiento amerindio y la nueva antropología. Pero no podrían — como fue el caso — comprender nada de lo que fue expuesto! Ni los chistes entendieron!

Este evento fue traumático, pero al tiempo revelador, para mí, en relación a cómo las nuevas sensibilidades no son susceptibles de ser aprehendidas por el psicoanálisis clásico. Y por psicoanálisis clásico estoy entendiendo todas las apuestas psicoanalíticas que viven bajo el espíritu de El malestar de la civilización, bajo la égida de Tótem y Tabú y El Futuro de una Ilusión de S. Freud. Así como el espíritu de la política está en Maquiavelo y el PT está ahí para demostrar cuan verdadera es la presencia de ese Padre-fundador en la política actual, el psicoanálisis que yo llamo clásico vive bajo la égida de El Malestar de la Civilización y es incapaz de renunciar al sentido unívoco de civilización tal y como propuesto por Freud, manteniendo incuestionable la idea de la represión instintual, incluso aún cuando el precio a pagar sean las guerras — mundiales, dígase de paso.

Recordemos cuanto H. Marcuse insistió, en Eros y la Civilización, en la necesidad de dar un “basta” al sentido unívoco de civilización! El problema es que el mundo cambió y el precio pasó de ser únicamente las guerras mundiales (lo que ya era bastante!), a convertirse en el fin del mundo!

Pero entre la realidad y el Padre-fundador de esas premisas cerradas los psicoanalistas clásicos le dan las manos al Padre-fundador y no a la realidad frente sus ojos!

El centenario de Tótem y Tabú, escrito por S. Freud y publicado en 1913, mereció una reedición y también debates en Brasil. Freud pretendía, como se sabe, formular una nueva “cosmología”, un nuevo pensamiento sobre la condición humana y el mundo. En ella, narra el origen de la hominización a partir de un gesto fundador que habría lanzado al hombre dentro de la sociedad, regida en adelante por reglas (tabús) y no más por la fuerza del patriarca despótico — figura cuya fuerza se manifiesta en los tótems[4].

En el centro de nuestra cultura tenemos ahora, a partir de Tótem y Tabú, un asesinato y un banquete antropofágico. Y he aquí que nos tornamos humanos tras una insurrección de los hijos, miembros de la horda primitiva, que alzados contra el despotismo del padre le roban el poder, lo matan y devoran.

Dice el articulista, en el periódico Folha de São Paulo: “esta historia se encontraría olvidada, enterrada, en el origen de la humanidad” [5], siendo permanentemente actualizada, sin embargo, en los individuos, a través del complejo de Edipo: el drama social así se actualizaría desde siempre y siempre! Y concluye: esa narrativa sintetizaba todo un saber antropológico, etnológico, filosófico, histórico, social y psicoanalítico.

Tiene alguna importancia para el “saber psicoanalítico” que Freud, al tratar de los pueblos dichos “primitivos”, no consiguiera librarse de la visión linear, evolucionista y eurocéntrica[6]? Siento decirlo, pero para el psicoanálisis esto no tiene ninguna importancia, pues como dicen sus adeptos “sus conclusiones son totalmente sustentables , todavía hoy[7]”.

Doy un ejemplo a partir de mi experiencia personal: frecuento los psicoanalistas clásicos — debates no faltan en São Paulo, tampoco supervisiones clínicas — no tengo con ellos ningún diálogo en torno al asunto de la citada palestra, raramente hablo del “pueblo de Gaia” o del “ejército de los Terranos”, y , sin embargo, vivo combatiendo el universalismo, vivo combatiendo la idea de que Edipo y la castración encierren el único principio de realidad posible y, para mi espanto, ellos no entienden de que hablo! Al comienzo pensaba que se trataba de malas intenciones, ahora sé que no. Es mucho más grave, pues se trata de una construcción emocional y mental que no les permite poner en duda el mundo que habitan, el mundo moderno (en un momento en que, sea dicho, este mundo está en acelerada deconstrucción). Y eso no deja de tener su gracia, pues nadie más se preocupó tanto por la realidad, por el principio de realidad, por la aceptación de la realidad, como el psicoanálisis clásico.

El problema, inesperado e imprevisible problema, para ellos, es que la realidad está cambiando! El siglo XX con sus matanzas sin fin, con sus genocidios generosos, con el totalitarismo siempre al acecho, nos trajo esa preciosa abertura, la comprensión de que la realidad es múltiple y depende de nuestros ojos, de nuestra matriz emocional/psíquica/espiritual.

Un milagro, como experiencia, abrió para nuestra contemplación y entonces para nuestro pensamiento. De nuevo, es sorprendente que sea así, pero es así! El psicoanálisis clásico es la más antropocentrista de las disciplinas humanas [8] y valiéndome del discurso también lúcido de Davi, de los Yanomamis, hace a los hombres “soñar consigo mismos”. Principal aliado de los Humanos modernos, el psicoanálisis clásico no ve y no verá con buenos ojos a los Terranos, y no se dejará tocar por el “pueblo de Gaia”. Y entonces allí — en la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis — la palabra perspicaz del prof. Viveiros de Castro no puede ser escuchada ni comprendida. La construcción emocional y cognitiva — con Edipo como centro — les impide hacer esa escucha, porque el principio de realidad al que tienen acceso es edipiano, y con él, solo restan fronteras rígidas entre mundos. Edipo reina soberano con los Humanos modernos y sus interminables dispositivos mortíferos. Y eso, para mi, revela que el problema no es solamente el negacionismo aludido por Viveiros de Castro, sino que, todavía más serio, lo que está en juego es una determinada construcción emocional y cognitiva: moderna y edipiana.

Esta guerra no se trata de persuasión, de convencimiento; esta guerra se está dando entre modos de ser y modos de ver.

 

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[1] Frente al impacto que me produjo escuchar y comprender las palabras del Prof. Viveiros de Castro en ambos videos, no resistí la tentación de hacer el mapa natal del antropólogo y sus tránsitos en los próximos años. Eduardo es del signo Aries y nació el 29 de Abril de 1951, en la ciudad de Rio de Janeiro. Se trata entonces de un ariano, y cualquier astrólogo, solo escuchándolo hablar, puede aprehender eso con facilidad. No cuento con la hora de nacimiento del antropólogo y entonces no se cuál es su ascendente, y sin embargo, solo con los datos que tengo puedo acceder a mucha información sobre él. Su sol está a 28 grados y 43 minutos y la imagen Sabeu (símbolo tradicional de la astrología) del sol es: “a large audience confronts the performer who disappointed its expectations (¨Una gran platea confronta al artista que frustró las expectativas del público¨). Cómo interpreto esta imagen? El ariano inicia nuevos mundos, ese es su hacer, pues es un iniciador. Al iniciar un nuevo mundo, claro, siempre frustra la expectativa de muchos! Es inevitable.

La Venus de Eduardo está a 5 grados de géminis y el símbolo Sabeu que le corresponde es: a revolutionary magazine asking for action (‘Una revista revolucionaria pidiendo acción’). Desde 2011, Neptuno en piscis, uno de los grandes dioses de la transformación, está haciendo cuadratura con la Venus del antropólogo y eso significa que él se abrió para la ‘unidad de la vida’. Dicho de otra manera, su forma de amar y de crear mundos desde hace algunos años se transformó, pues las fronteras entre mundos fueron derribadas. Neptuno disuelve las fronteras entre-mundos y abre para todos nosotros, cuando pasa por Venus o por el sol, la ‘unidad de la vida’. En 2013, 2014 y 2015 Neptuno hizo y estará haciendo cuadratura exacta, a 5 grados de géminis y – proseguirá en conjunción todavía por algunos años –y entonces Viveiros está y estará en el auge de esa apropiación: creación de mundos a partir de la ¨unidad de la vida¨. Y eso nos permite leer poéticamente entonces el símbolo Sabeu que corresponde a Venus: escritos revolucionarios que piden acción!

Este tránsito de Neptuno cuadrando a Venus es entonces lo que dará una tonalidad especial a los dos grandes tránsitos sobre el Sol del antropólogo. Urano en Aries, lo imprevisible, y Plutón en Capricornio, lo transformador, harán respectivamente conjunción y cuadratura con el Sol del antropólogo. A partir de 2015 Urano estará haciendo conjunción con el Sol en 2017 y 2018 -prosiguiendo todavía en conjunción por algunos años. Plutón estará haciendo cuadratura con el Sol de Eduardo a partir del 2018 y cuadratura exacta en 2022 -y por algunos años todavía a partir de esa fecha. Qué significa eso? Significa que esos dos grandes planetas transpersonales harán brotar las semillas genuinas de la individualidad del antropólogo y con ello este dará inicio – ya que es lo mejor que sabe hacer!- a mundos a partir de su singularidad máxima. Quien viva verá!

[2] “A Queda do Céu: Palavras de um Xamã Yanomami¨ es un relato único de la historia de vida de Davi Kopenawa. Relata su iniciación como chamán y los primeros encuentros con los forasteros blancos. Describe también la rica cultura, historia y modos de vida de los habitantes de la selva y no se priva de describir sus impresiones de la cultura occidental. El libro fue publicado en francés en el 2010 y recientemente fue lanzada una versión en portugués, en 2014.

[3] Volume 44, número 4, 15-26, 2010, cujo tema é Alteridade.

[4] Freud e uma nova origem da espécie. Márcio Seligmann-Silva, Folha de São Paulo, 29/12/2013.

[5] Idem, ibidem.

[6] Idem. Ibidem.

[7] Idem. Ibidem.

[8] Tal vez los bionianos ( W. R. Bion) puedan abrirse para esa escucha, y eso en función de una noción de inconsciente como potencialidad infinita. La mente primordial, realidad primera de lo mental, para Bion, bien podría ser pensada como transpersonal e incluso transespecista – y es de hecho posible pensarla más allá de la especie homo sapiens. De la mente primordial de Bion hace parte de hecho la historia del cosmos y el futuro del cosmos: es el Ó, innombrable, infinito, informe y es en dirección al Ó que se da la expansión de la mente. Bion, discípulo y analisando de Melanie Klein parte, sin duda, de la personalidad edipiana, pero tiende para un más allá, para lo infinito, para Ó.

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